Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que esté forjado de hierro. Que resista la prueba.
Que camine victorioso sobre las olas cruentas
del mar embravecido de la amarga existencia.
Que no se hunda nunca por mas que la tormenta
amenace su barca; y cuando esto acontezca,
como humano y humilde, en sus horas inciertas
a Cristo se confíe, no a su propia prudencia.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que esté formado de rocío y flores, que perfume a su paso.
Que ante el dolor humano, ante los sinsabores,
no permanezca mudo, llore con los que lloren.
Que el pecado corrija, corrija los errores.
Pero busque al perdido con celo sacrosanto,
siguiendo el fiel ejemplo del Cristo del Calvario.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que esté inconforme con su naturaleza y viva de rodillas.
Que comprenda al caído porque él también rodó.
Sufrió mil tentaciones, del pecado probó.
Que sepa del camino que conduce a los hombres
en su amargo dolor, y como salir de el.
Porque en su insuficiencia un Cristo vivo y santo
fue el que lo rescató.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que con su ejemplo conmueva las conciencias.
Y que no se amedrente.
Que no venda el mensaje ni por treinta monedas,
que en la historia no cabe otro Judas cualquiera.
Que su verbo se crezca con amor y entereza,
cuando hable de Dios que es su auxilio y su fuerza.
De las almas deudor, al Señor les presenta.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que en la contienda nunca mengue, se crezca.
Uno…batallador.
Si ruge la tormenta, él truena con braveza
la bendita Palabra ungido en oración.
Que no camine solo. Su ejército es su iglesia.
Los ángeles lo ayudan y el Espíritu Santo es su consolador.
Que no use armas humanas,
sino las que del cielo le envíe su Señor.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
Uno que ame a todos como Cristo le amó.
Uno perdonador.
Que no se acuerde nunca del mal que alguien le haga.
Que a todos por igual les regale su savia.
¡Que sonría, que viva, que cante, que sostenga!
Que su luz no se extinga, que su fe no se pierda.
Que a trabajar por Cristo exhorte a otros mas débiles
levantando bandera.

Se busca un hombre, mas no un hombre cualquiera.
No uno pasional, enojoso o carnal.
Uno de corazón como antorcha de Dios.
Que no dé marcha atrás, Que prosiga la meta,
que el Señor ya trazó con una cruz a cuestas.
Que trace la Palabra como obrero capaz.
Que nadie lo avergüence de algún hecho banal.
¿Aun no lo comprendes? ¡Se busca un pastor!


Autor: Dr. A. Vallejo
Michigan, U.S.A. Verano del 1991



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