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Romanos
10:14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en
aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
Tesis: El
reto que tenemos ante nosotros es ir a la conquista de las naciones.
La iglesia de Jesucristo está llamada a desarrollar una visión misionera que
implica, dejar las cuatro paredes del templo, e ir al mundo para alcanzar a todo
hombre que ande sin Dios y sin salvación. Esto implica dar a conocer a Cristo
quien es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan
14: 6). Para que podamos realizar esta colosal tarea, tenemos que participar
todos los que decimos ser hijos de Dios nacidos de nuevo por la fe en la Obra
Vicaria de Jesucristo en la Cruz del Calvario. Y participar no solo implica dar
una ofrenda misionera o repartir un tratado de vez en cuando. Participar implica
practicar la oración intercesora y la guerra espiritual reclamando los
territorios asignados para el evangelio.
No podemos negar que como Iglesia hemos sido bendecidos por Dios (Efesios
1:3,7). Por ende, podemos dar la batalla en la dimensión espiritual. Un creyente
que no esté dispuesto a vincularse en ésta batalla por las almas, le hace un
flaco servicio al Reino de Dios y pone en duda su credencial como cristiano en
el mundo espiritual.
Es cierto que nuestra posición en la esfera espiritual es que estamos sentados
con Cristo en lugares celestiales (Efesios 2: 4- 7). ¡Qué bueno, gloria a Dios!
Pero tu Dios te necesita aquí y ahora para que colabores en la evangelización
mundial, porque hay almas que penden de una balanza cósmica y su destino eterno
está en nuestras manos. Mantente seguro en la dimensión espiritual dónde estás
sentado, pero desciende a trabajar a la tierra porque tu Dios quiere usarte en
este territorio que está bajo el poder del maligno.
La única organización que tiene poder para entrar en la esfera celestial y
enfrentar cara a cara a los principados y potestades es la Iglesia (Efesios
3:10). Por ende, Dios espera que intercedamos por aquellos que se encuentran en
pecado (Ezequiel 22:30).
Esta no debe ser la clásica oración de muchos que es “lo
que te dije ayer te digo hoy”. Ayer no te dije nada ni hoy tampoco.
Porque no se tiene un verdadero compromiso ni un espíritu de entrega a la causa
más noble, más digna y mas santa de todas, que es ser embajador del Reino
eterno, en medio de un mundo agonizante que necesita de emergencia lo que tú y
yo tenemos, que es Jesucristo en nosotros la esperanza de gloria.
No son las Naciones Unidas o el Grupo de los 8. No será la Unión Europea o los
gobiernos populistas como el de Chávez o Morales. Pero tampoco lo será los
Estados Unidos o ninguna otra nación en el mundo, quien logre llevar esperanza y
libertad a los cautivos. Solo hay en esta tierra una Organización que tiene
entre sus herramientas y armas de guerra espiritual, la suficiente metralla como
para conquistar el mundo para Cristo un alma a la vez, una familia a la vez, una
sociedad, un pueblo, una nación a la vez.
Tenemos que orar por un avivamiento mundial y porque Dios el Espíritu Santo se
le revele al pecador de adentro y de afuera de la Iglesia y ponga en ellos
convicción, porque nadie puede llamar a Jesús Señor, sino es por medio de Su
Espíritu.
Es tiempo, Iglesia de dejar de practicar la
“quejabanza” y comenzar a practicar la alabanza. Es tiempo de
levantarnos a conquistar territorios y naciones para el Reino de Dios. Es tiempo
de decidirnos a dejar de ser más de lo mismo o parte del problema y comenzar a
presentarnos como la solución. Y quizá alguno de mis lectores, que ya sobre
pasan más de 8,000 recipientes, pueda pensar que lo que aquí expreso es pura
pedantería, pero sí, tu y yo como cristianos tenemos la solución si tenemos a
Cristo por la fe, cimentado en nuestros corazones.
Quizás para esta hora de angustia mundial tú has sido llamado. Mientras las
mentes más brillantes de la tierra se esfuerzan por resolver los problemas
económicos que a todos nos preocupan, la inflación está a la orden del día, los
mercados mundiales se tambalean, los hombres desfallecen por el temor, las
mayores economías, comenzando por los Estados Unidos se tambalean como
borrachos. Pero hay una buena noticia; el Reino de Dios está firme, aquí y
ahora.
Recuerdo aquel himno misionero que grabase ya hace tiempo el hermano Steve Green,
norteamericano criado en Argentina de padres misioneros bajo el titulo
“Tienen que saber”. ¿Pero como sabrán si tu y yo
no le decimos?
Siempre tuyo en el servicio del Rey,
Dr. A. Vallejo
www.drvallejo56.com
www.palabrasconluz.com
www.levantatedebora.com
Nota: Si este artículo te fue de bendición házmelo saber a través de un email. Estaremos orando por ti y los tuyos.
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drvallejo56@yahoo.com
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