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Palabras con luz del
Dr. A. Vallejo
Ezequiel 18: 32 Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.
Oí una historia acerca de un hombre que invitó a su vecino para asistir la iglesia con él. De camino a casa, el vecino le dijo; "Me di cuenta que usted tiene a un nuevo pastor." "Sí," dijo a su amigo, "despedimos el viejo. El siempre nos decía que a menos que nos arrepintiéramos, nos iríamos al infierno." "Pero," el vecino contestó, "su nuevo predicador dijo la mismísima cosa esta mañana." "Cierto," fue la contestación, "pero nuestro viejo pastor actuaba como si él se sintiera feliz acerca de la situación. Cuando nuestro nuevo pastor dice esto, parece que se le rompe el corazón."
No es lo que digamos desde el altar o cuan duro sea el tema que tratemos, sino como lo digamos. No me divierto diciéndole a la gente inconversa cual será su triste final si no se arrepienten y aceptan el regalo de la salvación que solo en Jesucristo podrán encontrar {Juan 14:6; Hechos 4:12.} Mil veces me he sentido morir en el altar cuando un alma necesitada de Dios prefiere hacerse de oídos sordos y le da la espalda a la vida, como si no le importase. Y lo que se aplica al altar se aplica a la vida diaria. No es lo que le digas a tu esposa, esposo, hijos, amigos, etc. Es como se lo digas.
Siempre tuyo en el servicio del Rey,
Dr. A. Vallejo
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