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Mateo 5:16 Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Periodista ateo Apoya Evangelismo en África
Matthew Parris es un columnista para la revista Times de Londres y un ateo confeso. Sorprendentemente, en diciembre de 2008 él escribió un artículo titulado: "Como un ateo, yo creo sinceramente que África necesita a Dios." Parris admite esto, reconociendo que esa declaración va contra sus creencias, pero él no puede ignorar la diferencia que ve en los cristianos africanos. Parris, que creció en África, escribe:
"Antes de Navidad regresé, después de 45 años, al país que cuando chico conocía como Nyasaland. Hoy es Malaui, y la edición del Times para Navidad incluía un pequeño trabajo en inglés acerca de las obras de caridad allí…. Me inspiró renovando mí fe, ver esas obras de caridad que están en desarrollo allí. Pero viajando a través de Malaui se refrescó otra creencia, también—una que yo he estado tratando de desterrar toda mi vida, pero una observación que no he podido evitar desde mi niñez africana. Confunde mis creencias ideológicas, tercamente desecha acomodarse a mi cosmovisión, y ha avergonzado mi creencia creciente que no hay Dios.
Ahora un ateo confirmado, yo he llegado a estar convencido de la enorme contribución que el evangelismo cristiano hace en África: bruscamente distinto del trabajo de organizaciones seculares, de proyectos del gobierno, y de los esfuerzos internacionales de ayuda. Estos sólo no lo harán. La educación y los entrenamientos solos no lo harán. La cristiandad de África cambia los corazones de las personas. Trae una transformación espiritual. El renacimiento es verdadero. El cambio es bueno….
Cuando yo vivía en África trabajaron para nosotros africanos que se habían convertido y eran creyentes fieles. Los cristianos fueron siempre diferentes. Lejos de ser intimidados o limitados por su nueva fe, esta parecía haberlos liberado y relajado, aunque enfrentaban los mismos retos de los demás. Había una vivacidad, una curiosidad, un compromiso con el mundo—una franqueza en su trato con otros—estas cosas se han perdido en el estilo de vida tradicional de África, pero ellos lo tienen. Ellos se pararon firme en sus convicciones."
Mientras comparto contigo este parte de prensa de la revista Times, pienso. Si, pienso. Pienso en la manera cruel y egoísta que nosotros en esta nación le hemos cerrado la puerta a Dios en la cara y hemos hecho un tan flaco servicio al Reino de Dios. ¿Qué por que digo esto? Porque estamos llamados a ser tan buenos o mejores cristianos que los que viven en África, no porque ellos sean morenos y nosotros no, o porque en América Dios sea más poderoso que en África, sino por nuestra herencia cristiana que data de mucho más tiempo que la de ellos. Tenemos mejores oportunidades; radio y televisión cristiana, catedrales y colegios bíblicos a granel. Pero la fe de aquellos príncipes del continente negro, tiene el poder de lograr que un ateo testifique a favor de Dios, mientras nosotros tratamos patéticamente de sobrevivir de migajas espirituales en la Casa del Padre.
Somos maestros en enseñar sobre la ley de la siembra y la cosecha. Lo somos. ¿Pero donde sembramos los que enseñamos tal ley tan bien? Somos maestros de la manipulación de las emociones y sostenedores del culto a los hombres, robándole así la gloria al Dios que ha dicho que no la comparte con nadie.
Preferimos rendir culto en el altar de la ignorancia que es en sí, atrevida, y tratamos infructuosamente de callar una verdad que nos quema por dentro, porque allí en la soledad de nuestras cámaras, sabemos que tenemos más religión que relación, mas ceniza que gloria, mas oportunismo que entrega total. Hemos esquilmado al rebaño muchas veces, con promesas vanas de prosperidad que muchas veces no llega, no porque Dios no quiera o pueda prosperarnos, sino porque a quien le hemos estado sacrificando en realidad ha sido al hombre y no a Dios.
Yo se que estas palabras pueden sonar duras y que son el preludio a muchas puertas cerradas, porque todavía, y hoy quizás con más fuerza, hay mucho pueblo que no puede resistir la verdad. Pero si yo callo, las piedras hablarían. Porque Dios anda en busca de profetas que no se vendan, que no se hipotequen, que no entren en componendas con nadie, que se deban a Él y por Él se atrevan a plantar bandera.
Hombres que griten a los cuatro vientos que hay que volvernos a la santidad que Dios demanda, a la pureza, a la seriedad ineluctable de un altar que hemos mancillado con nuestros excesos y la sencillez de la Palabra de Dios. Hombres que prediquen de un verdadero cambio en los corazones de sus congéneres, entendiendo y haciendo entender que somos nosotros, tu y yo, la única Biblia que muchos leerán mientras vivan. Que tu testimonio y el mío son vitales y que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte, entre la salvación o condenación eterna de muchas almas, tristemente comenzando por los que nos rodean, nuestras familias, amistades y vecinos.
En África, unos morenitos llenos de la unción divina, logran lo que parecería imposible; que un ateo salga en su defensa y le obligan a repensar su filosofía de vida, porque es innegable el cambio que produce el verdadero Evangelio. ¿Qué me dices de tu fe y tu testimonio? ¿Está brillando tu luz para que los hombres puedan glorificar al Dios que te salvó y al que tú dices que sirves, o eres una cerilla o fósforo apagado?
Siempre tuyo en el servicio del Rey,
Dr. A. Vallejo
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