El Sueño Del Zapatero



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Mateo 25: 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor,
)cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

 Una de las mas bellas historias acerca de la Navidad jamás contada, fue relatada por un poeta americano, Edwin Markham, acerca de un zapatero, un hombre piadoso que se dedicaba a hacer zapatos en los días antiguos. Una noche el zapatero soñó que Jesús lo visitaria al día siguiente. El sueño fue tan real que le hizo levantarse temprano e ir al bosque, donde consiguio enredaderas verdes para adornar su taller, para agazajar a tan distinguido visitante. 

Nuestro amigo esperó toda la mañana, pero para su desilución, su taller permaneció quieto, excepto por un anciado que se paró ante su puerta preguntando si podía entrar a calentarse un rato. Mientras el anciano descansaba, el zapatero notó que los zapatos del anciano estaban gastados. Tocado, el zapatero tomo un par nuevo de uno de los estantes y se los dio al marcharse. 

En toda la tarde de espera, su única visita fue una anciana. La vio llegar cansada y trabajosa bajo una inmensa carga de leña para calentarse, y la invitó a entrar a su taller para que se calentase y descansase un poco. Mientras hablaban supo que la anciana no había comido nada en dos días y se aseguró que la anciana comiera de sus alimentos y se saciara antes de irse. 

Mientras caía la noche, el zapatero oyó a un niño gritando fuera de la puerta. El chico esta perdido y asustado. El zapatero salió, limpió las lágrimas del chaval y tomandolo de la mano lo llevó a su casa. 

Al regresar a su taller, el zapatero se sentía muy triste. Estaba convencido que el Señor había venido a verle mientras estaba fuera llevando al niño a su casa y se había perdido tan especial Visita. Ahora solo podía imaginarse tal momento de gloria; el toque en la puerta, el pestillo levantarse, el Rostro Radiante, la copa que le hubiese ofrecido.... El besando las manos donde estuvieron los clavos, lavando los pies donde entraron los clavos. Entonces el Señor se hubiera sentado a hablar con el.  

En su angustia, el zapatero gritó: "Por qué Señor, te dilataste tanto en venir? Te olvidaste acaso que hoy era el día?"  Entonces, suave en el silencio oyó una voz que le decía:

"Anímate en tu corazón que Yo cumplí Mi Palabra. Tres veces vine a tu amistosa puerta; Tres veces Mi sombra estuvo en tu piso. Yo fui el anciano de los pies magullados. Yo fui la anciana a la que le diste alimentos. Yo fui el niño perdido que llevaste al hogar." 

No hay verdadero espiritu de Navidad si no estamos dispuestos a dar como Jesús se dio por nosotros. Podemas dar sin amar pero no podemos amar sin dar.

Tuyo en el servicio del Rey,

Dr. A. Vallejo

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Para Mayor Info. drvallejo56@yahoo.com    

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