El Sueño Del Zapatero




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Durante los primeros tres días de julio de 1863, en el medio de gran Guerra civil de América, los ejércitos del Norte y el Sur chocaron decisivamente en Gettysburg.  Por los primeros tres días de la batalla, la lucha no fue decisiva para ninguna de las partes en conflicto, pero entonces la marea comenzó a girar contra el General Lee y las fuerzas Confederadas. Las tropas de la Unión bajo el mando del General G. G. Meade comenzaron a ganar.  Lee comenzó a retirarse hacia el sur en la noche del 4 de julio, mientras nubes de tormenta empaparon la Costa este con una lluvia copiosa. Cuando el General Lee alcanzó el Potomac, encontró que el río estaba crecido a causa de la incesante lluvia. Él no lo podría cruzar. Detrás de él estaba el ejército victorioso de la Unión. Frente a él, el río embravecido. Estaba atrapado junto a sus hombres.

Aquí estuvo la gran oportunidad dorada para el General Meade para terminar la batalla. Meade podría haber atacado inmediatamente, destruyendo el ejército de Lee y, de hecho, terminando la Guerra civil. El presidente Lincoln realmente le ordenó atacar. Sin embargo, en vez de atacar, Meade se demoró. Hizo un consejo de guerra y se demoró otra vez. Finalmente el agua del río retrocedió, y Lee y sus tropas escaparon pasando el Potomac. La Guerra se extendió por dos años mas. Meade nunca recobró su oportunidad perdida, y fue ante el General Grant que Lee se rindió finalmente el 9 de abril de 1865.
Esta historia nos muestra la tragedia de haber perdido una gran oportunidad. Pero si este principio es verdad en el reino físico, como nos damos cuenta por esta historia, lo es ciertamente más verdadero en el mundo espiritual. La Biblia lo reconoce cuando nos dice;
"Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su alma? ¿O qué dará el hombre en rescate por su alma?" (Mateo 16: 26) O de nuevo en 1 Corintios 3:1 5; "Si la obra de alguien es quemada, él sufrirá pérdida; aunque él mismo será salvo, pero apenas, como por fuego."

Con cuánta razón la Biblia nos aconseja a que aprendamos a dejarnos guía por el Espíritu Santo en cada una de nuestras decisiones. Porque la oportunidad que dejas pasar hoy en tu vida, ¿quién te dice que se volverá a presentar mañana? Por ende, mi consejo de parte de Dios para ti en esta ocasión, es que aprendas a estar alerta ante las oportunidades que el día de hoy te presenta, y que con la ayuda de ese Dios tan maravilloso que te ama, te atrevas a dar un paso al frente, a conquistar ese monte, a matar a ese “gigante”, a cruzar ese río, a lidiar con esa situación, a resolver ese conflicto, aceptar ese puesto, a hacer esa movida.
Como dirían en mi barrio, no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Porque nadie te garantiza que tendrás ese mañana para lograrlo. 

Siempre tuyo en el servicio del Rey,

 Dr. A. Vallejo
 

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Para Mayor Info. drvallejo56@yahoo.com    

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