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I Pedro 1: 6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de
tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para
que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque
perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando
sea manifestado Jesucristo, 8 a quien amáis sin haberle visto, en quien
creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; 9
obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.
"Las pruebas que nosotros atravesamos demuestra lo genuino de nuestra fe. En la frase " la prueba de nuestra fe,'' la palabra "prueba" es una palabra casi intraducible. La versión de William lo explica como mostrar lo que es "genuino en su fe." La idea se refiere al mineral que ha pasado por el fuego que lo refina y sale al otro lado limpio, puro y genuino. Esto es lo quiso decir Job cuando dijo, ''Me probara y saldré como el oro.''
"Verdaderamente, se puede dudar de una fe que nunca se ha probado. Un ejército atravesando la instrucción básica no está listo para la batalla. No hasta que sus soldados hallan encarado la batalla y estado bajo fuego enemigo, entonces se consideran a sí mismos probados, endurecidos, dignos. No se puede probar que un barco se ha construido firmemente mientras permanezca en la dársena seca. Su casco debe mojarse; debe encarar una tempestad para demostrar su genuina navegabilidad.
Lo mismo es verdad con nuestra fe. Cuándo nosotros podemos mantener nuestra fe fuerte en el Seńor a pesar de las tempestades de la vida y las críticas que nos aplastan, entonces es cuando demostramos lo genuino de ella."
Tuyo en el servicio del Rey,
Dr. A. Vallejo
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