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En los años recientes se ha visto un interés inaudito en los trabajos internos del Sistema de Justicia de América.  No hace mucho, la noción de traer cámaras de televisión en vivo dentro de la Corte en sección era sumamente polémica.  Ahora tenemos Court TV, un canal entero de cable dedicado nada mas que a cámaras en la Corte y la justicia criminal.

O a veces injusticia. Aún antes de la llegada de cámaras en Sala, era claro que los tribunales más finos de jurisprudencia terrenal condenan a veces el inocente o exoneran al culpable. Tome, por ejemplo, el caso de Randall Dale Adams, que fue condenado y sentenciado a la muerte en 1977 por el asesinato de un policía de Tejas.

Un documental de 1988, "La Delgada Línea Azul," levantó dudas con relación a la manera en que la policía manejó este caso y ayudó a que se ordenase un nuevo juicio apenas a horas de su ejecución planificada para ese año. En 1989 fue liberado de la prisión cuando el fiscal de su caso quitó todos los cargos contra él, reconociendo la falta de alguna evidencia real como para condenarlo.

Un caso aun más perturbador lo fue el de Kirk Bloodsworth, sentenciado a muerte por violación y homicidio en los 80’.  Después de cerca de una década en el corredor de la muerte, Bloodsworth fue absuelto en 1994 cuando exámenes sofisticados de ADN probaron fuera de toda duda que era inocente de los crímenes por los cuales había sido condenado a muerte. 

Muchas veces nos horrorizamos y con razón por tales casos y lo que es mas perturbador es que no parecen estar disminuyendo. Casi cada semana aparecen en los programas de noticia más importantes de la Nación como "20/20," "60 Minutes," "48 hours," o magazines noticiosos similares, casos que son preocupantes por la burla que representan a la verdadera justicia. La confianza de los americanos en su sistema de justicia esta en su peor nivel de todos los tiempos. 

El concepto moderno acerca del errar de la justicia no es nada nuevo.  Casos notorios de víctimas inocentes que fueron encarceladas injustamente o ejecutadas llenan las páginas de la historia, desde el relato bíblico de Naboth, que fue acusado injustamente y ejecutado por Acab en el antiguo Israel, a los juicios medievales contra las brujas, hasta nuestros dias presentes. Y en el otro lado del libro de contabilidad, la historia está llena de relatos de personas culpables que salieron por la puerta ancha por tribunales de "justicia," desde aristócratas antiguos que escaparon del merecido castigo usando su dinero e influencia, a los modernos jefes del crimen-organizado que utilizan el soborno e intimidación para manipular el sistema.

Los tribunales humanos tienen una facilidad extraña para torcerle la cabeza a la señora ciega que la representa. El malvado prospera con frecuencia mientras el justo sufre injustamente.

En ningún lugar se ha  visto más gráficamente esto que en el arresto, juicio y crucifixión de Jesucristo. Ninguna víctima de la injusticia fue más inocente que el Hijo inmaculado de Dios. Y nadie sufrió jamás más angustia que la que Él sufrió. Él fue ejecutado cruelmente por hombres que reconocieron abiertamente Su inocencia. Aun más, en el mismo día Barabás, un asesino, ladrón e insurrecto, fue dejado sumariamente en libertad, porque el pueblo escogió a este y condenó a Jesús. Fue esta la parodia más grande de la justicia que el mundo ha visto jamás.

Considere los hechos: Jesucristo fue el único individuo verdaderamente sin pecado que halla vivido jamás,  inocente y virtuoso todo el tiempo. En palabras del apóstol Pedro "el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; " (1 Pedro 2:22). Él fue nos dice el escritor de Hebreos; " Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;" (Hebreos 7:26). Y aun así el tormento y el castigo que Él sufrió en Su muerte fueron infinitamente más atroces que cualquier otro halla sufrido jamás. Él llevó el peso completo de la pena merecida por la maldad humana. Él sufrió como si fuera el culpable de las peores ofensas de la humanidad. Y todo esto sin ser Él culpable de nada.

Es fácil mirar a la cruz y concluir que fue el peor aborto de la justicia humana en la historia del mundo. Y eso fue. Fue un acto malvado, perpetrado por hombres impíos, todo con el aval de la mal llamada justicia en componendas con la religión del mundo.

Pero esa no es la historia completa. La crucifixión de Cristo fue también el acto más grande que la justicia divina llevó jamás a cabo. Fue hecho en completo acuerdo con "el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;" (Hechos 2:23)- y para el más alto de los propósitos: la muerte de Cristo aseguró la salvación de un número indeterminado de almas y abrió el camino para Dios perdonar el pecado sin ceder Su propio estándar perfectamente santo.

Cristo no fue meramente la víctima de hombres injustos cuando pendía de la cruz. Aunque asesinado injustamente por hombres cuyas intenciones eran sólo malas, Cristo murió con gusto, llegando a ser la expiación para los pecados del injusto, como los asesinos que Lo mataron. Fue el sacrificio más grande jamás hecho; el más puro acto de amor jamás llevado a cabo; y últimamente un acto infinitamente más alto de la justicia divina que toda la injusticia humana que representó.

Cada cristiano verdadero sabe que Cristo murió por nuestros pecados. Esa verdad es tan rica que sólo la eternidad revelará su completa profundidad. Pero en la existencia mundana de nuestro diario vivir, nos inclinamos demasiado a tomar la cruz de Cristo como algo merecido. Pensamos erróneamente en ella como uno de los hechos elementales de nuestra fe. Nosotros por lo tanto, descuidamos el meditar en esta verdad entre todas las verdades, y perdemos la verdadera riqueza de ella. Si pensamos en todo esto es como si tendiéramos a meternos en la orilla de la piscina, cuando muy bien debiéramos estar sumergiéndonos en sus profundidades diariamente.

Muchos piensan equivocadamente en Cristo como meramente una víctima de la injusticia humana, un mártir que sufrió trágica e innecesariamente. Pero la verdad es que Su muerte fue el plan de Dios. De hecho, fue la clave para el plan eterno de redención de Dios. Lejos de ser una tragedia innecesaria, la muerte de Cristo fue una victoria gloriosa, el acto de mas gracia y divina benevolencia jamás hecho a favor de los pecadores. Es la consumación de la expresión del amor de Dios para nosotros.

Mas aquí también vemos la ira de Dios contra el pecado. Lo que es con demasiada frecuencia pasado por alto en todas nuestras canciones y sermones acerca de la cruz es que esta fue la efusión del juicio divino contra la persona de Cristo-No porque Él mereciera ese juicio, sino porque Él con gusto lo tomó sobre Él Mismo a favor de esos que Él redimiría.


La muerte de Cristo es por mucho el acontecimiento más importante en la historia humana. Es el punto focal de la fe cristiana. Será nuestro un refugio en el juicio final. Debe ser el santuario principal para cada meditación privada del creyente.

Toda la mayoría de nuestras esperanzas preciosas provienen de la cruz de Cristo, y nuestros pensamientos más altos se deben arraigar allí. Es un tema que no podemos descuidar o tratar levemente. La iglesia moderna debiera avergonzarse que nuestro foco de atención esté tan a menudo puesto en otra parte.

Dios permita que tu y yo nunca tomemos la Cruz de Cristo como algo que merecíamos o que lleguemos a perder la profundidad de su mensaje. Fue allí donde La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron. (Salmo 85:10).  

Para concluir no olvidemos que a este Jesús Dios le levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Hechos 2: 24  Él Vive y reina para siempre y pronto regresará por Sus escogidos. Aleluya!!!

Dr. A. Vallejo Ph.D.
Marzo 26, 2005 

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Dr. A. Vallejo

El Dr. Vallejo es el Obispo de la ICE en Orlando, Fl. Es un conocido conferencista internacional y miembro de la Asociación Americana de Consejeros Cristianos.

email: drvallejo56@yahoo.com    

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