Conejo Tenía Un Nombre
Una Historia de la vida real


La noticia corrió por el barrio como reguero de pólvora.  - " Mataron a Conejo.  Mataron a Conejo."  Un telefonazo que cambió muchas vidas incluyendo la nuestra.  Mataron a Conejo!

    Llegó a nuestras vidas como un jovencito locuaz, malo para la escuela y bueno para servir, porque a todos servía, viejos y jóvenes.  Le ayudamos a levantar como si fuese nuestro propio hijo, o pensando en que también tenia padres que se preocupaban por él, sabiéndolo lejos del lar nativo.

   Aconteció pasando el tiempo que Conejo le fijó los ojos a la mas pequeña de nuestras hijas y contra viento y marea la hizo su esposa. Me acuerdo como luché en contra de aquellos amores, no porque no quisiera a Conejo, al cual miraba como un hijo, sino porque dentro de mi, algo me decía que aquello no era de Dios.

    Quizá porque Conejo no quería buscar mas a Dios y comenzaba "juntillas" no muy convenientes. Quizá en el corazón de padre había ya una premonición que me decía cuantas lágrimas mi hija tendría que derramar por su esposo. 

   El asunto es que la boda se llevó a cabo y de esa unión nació dos años atrás una preciosa querubín, Lisbeth Hernández, un amor de niña, traviesa como el padre y su mismo retrato, regordeta como cuando nuestra hija se criaba. Una niña al cual el padre no verá crecer. Una niña que no conocerá quien fue Conejo.

   No valieron los consejos de los suegros ni las advertencias de Dios. Porque sin lugar a dudas, Dios amó a Conejo hasta la muerte. De nada valieron las lágrimas y los requiebros de la mujer amada, que aunque joven, siendo temerosa de Dios en mas de una ocasión le dijo; - Mi amor, si sigues en la vida que llevas te van a matar en la calle.

   Pero Conejo quizá nunca pensó que le podía pasar a él. No a él, que ayudaba a todos, viejos y jóvenes. No a él, el de la eterna sonrisa y pies ligeros, por si hay que correr. Veinte y tres años, lleno de vida, de salud, de vigor. Pero las balas no respetan.  Doce balas asesinas cobardemente disparadas por dos sicarios, jóvenes también y supuestamente sus amigos. 

    Una joven viuda que todavía hoy lo llora. Una niña de dos años que le llama a destiempo y se pregunta cuando vendrá papá a buscar a su Pinita. Unos padres y hermanos destrozados, sin contar sus cuñados y toda una iglesia que oró por él y le aconsejó de mil maneras para que viviese para el Cristo que murió en su lugar para salvarle.  Un joven que se hace culpable por su muerte y al cual le esperan largos años de cárcel, privando así a su propio hijo de un padre. Un asesino que todavía a esta hora anda suelto......

    Lágrimas y mas lágrimas. Mataron a Conejo. Un velorio, mil amigos. Los de la calle y de la ganga. Los de la iglesia y de la comunidad. De su familia y la nuestra, de todos, porque mataron a Conejo.  - " Les pido de favor mis amigos, que no le llamen Conejo, porque Conejo tenía un nombre. Se llamaba Elvin Hernández y Elvin era nuestro hijo."




 

Autor: Dr. A. Vallejo

Nota: El asesino confeso de Elvin hoy cumple 22 años de prisión por asesinato en segundo grado. Su hijo crecerá sin su padre como mi nieta crecerá sin el suyo. ¿Quién salió ganando en este triste negocio?

Este artículo se escribió Noviembre 2000.